El Barlovento paciente
nos trajo a este momento,
donde el estiaje de golpe
la noche despejó.
Como un céfiro nocturno
tu voz a mi vida llegó,
deleitando cuerpo y mente,
acariciando mi alma silente.
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Para ti, que eres la luz en mi sotavento, va este pequeño obsequio hecho de viento y palabras.


